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domingo, 25 de marzo de 2007

Mi pobre dedito!!!...

El viernes me cai de las escaleras y me doble el dedito, fui al doctor y me dijo que tenia un esqguince que significa que mi dedito se disloco y regreso a su sitio :( me pusieron inyeccion(horror!) y una tablita(que hace que mi dedito este inmovil), es horrible es un dolor en todo el cuerpo, se te oprime el pecho, te mareas(creo que eso fue el susto), sientes que sale del dedito un hilito de dolor que corre por todas partes y el dolor se concentra en el dedito, como en los dibujos en donde hay maldad en todas partes y se concentra en la coeva de los villanos. ME YEYE! buuu...

martes, 13 de marzo de 2007

EL PIRATA

Vals de la Guardia Vieja

Yo no quiero una tumba,
ni una cruz, ni corona,
ni tampoco una lágrima,
me aburre oir llorar.
Ni tampoco me recen
sólo pido una cosa,
para el día en que muera
que me arrojen al mar.

Los faros de los barcos
me alumbrarán cual cirios
las boyas cual campanas
se pondrán a doblar.
Y en la penumbra vaga
de mi capilla ardiente,
he de sentir salobre
todo el llanto del mar.

Así como he vivido al azar,
al azar quiero irme
a otras playas mecido
en la hamaca de la mar.
Quiero dejar anclado
mi corazón vacío,
en un lejano puerto
y muerto aún viajar.

No quiero que me entierren,
no quiero estar inmóvil
¡oh qué angustia tendría
dentro de un ataúd!
Más que los tiburones
me espantan los gusanos
quiero como un velero
irme a la eternidad.

Mis manos en cruz amén
que sean cual dos velas,
un barco mi cadáver
que ambule por el mar.
Y volveré, quién sabe,
a ver aquellos puertos
que en vida vi y donde
no pude retornar.

Que sí temo a la muerte
más que a ella misma
es por esa parálisis
de la inmovilidad.
Que mis últimos sueños
los arrullen las olas,
quiero morir tranquilo
y sentir la quietud.

Así como he vivido al azar,
al azar quiero irme
a otras playas mecido
en la hamaca de la mar.
Quiero dejar anclado
mi corazón vacío,
en un lejano puerto
y muerto aún viajar.

Esfuerzo


Yo camino entre triunfos, tambien entre fracasos.
Y enfrento cada día, tener que continuar.
aunque a veces son lentos, y cansados mis pasos,
no hay quien me detenga, tratando de alcanzar.

Aquello que ambiciono, por difícil que sea,
o por inalcanzable, como suelen decir.
Aquellos que no luchan, contra viento y marea,
aquellos que no rompen cadenas, por seguir.

Aquellos que la vida, la ven como rutina,
confiando en su destino, o en la suerte tal vez,
Aquellos que prefieren vivir, a la deriva,
porque no tienen metas, ni ganas de vencer.

Yo camino y camino, por intrincadas sendas,
navego por los mares, en plena tempestad.
Dejo volar mi mente, desatando sus vendas,
y en ese punto logro !lo que anhelo lograr!

Aurora Garcia

INTENCIONES


No intento ser ese gran amor de tu vida,
ese que exige te demanda y luego te olvida.
Simplemente intento ser, ese que disfruta, cada instante y cada segundo de tu compañía.

Ese que en aquella noche de verano,
bajo un cielo repleto de estrellas,
encontró en un abrazo, y en un beso tuyo,
la felicidad que creía perdida.

No quiero ser tu dueño,
tu pastor, tu guía,
ese que te dice lo que tienes que hacer
y luego te margina.

Simplemente intento ser,
ese te quiere y te mima.
ese que en aquella madruga de desvelo,
feliz extasiado, intensamente disfruto de la paz de tu rostro, mientras dormías.

No me interesa ir de visita por tu vida,
ser el gran señor…
que te llena de cosas por fuera
y por dentro te vacía.

Solo intento ser,
el que te provoque una sonrisa.
ese que aquel día poniéndose romántico
embarco la belleza de tu rostro
y le escribió una dulce poesía.

No me interesa ser ese
que de de rodillas suplica tu amor,
ese que te tortura y lastima,
con su fuerte obsesión.
solamente ansió ser,
aquel que naturalmente desees.

Ese que en una impensada
y casual noche,
fue el dueño de tu confianza,
por única vez protagonista
sin ninguna restricción,
de la completa entrega de tu pasión.

Solo intento a ser,
aquel que te pueda enseñar,
que quizás exista el amor eterno.
que tal vez la felicidad tenga dueño,
que cada instante compartido,
pueda a ser un mágico sueño,
del que no se quiera despertar.

Solo pretendo ser únicamente yo,
ese loco perdido que te quiere,
ese poeta que se anima a decir
sin miedo todo lo que siente,
te amo intensamente como ayer,
como hoy y como lo haré siempre.

Fabián Ruiz

miércoles, 7 de marzo de 2007

TU SECRETO


¡De todo te olvidas! Anoche dejaste

allí, sobre el piano, que ya nunca tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma
un libro, vedado, de tiernas memorias.

Intimas memorias. Yo lo abrí al descuido,
y supe sonriendo tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie,
a nadie interesa saber que me nombras.

Ven, llévate el libro, distraída llena...
de luz y de ensueño. Romántica loca...
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!
De todo te olvidas. ¡Cabeza de novia!

EVARISTO CARRIEGO(ARGENTINO)

EL BESO


Con candoroso embeleso

y rebosante alegría,
me pides morena mía
que te diga: que es un beso?

Un beso es el eco suave
de un canto, que más que canto
es un himno sacrosanto
que imitar no puede el ave.

Un beso es el dulce idioma
con que hablan dos corazones,
que mezclan sus impresiones
como las flores su aroma.

Un beso es... no seas loca...
por que me preguntas eso?
Junta tu boca a mi boca
y sabrás lo que es un beso!

FEDERICO BARRETO(PERUANO)

lunes, 5 de marzo de 2007

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...

Miguel Ramos Carrión